El nacimiento de Jack – Parte I

embarazoEl nacimiento de Jack  no fue lo que yo esperaba. No nada más porque no pudimos lograr que naciera en casa ni un PVDC sino por las circunstancias que rodearon los últimos días de mi embarazo. Esos días no estuvieron llenos de paz, tranquilidad, alegría y regocijo como tantas veces nos lo imaginamos mi esposo y yo; fueron días agridulces donde el estrés, miedo, intranquilidad, incertidumbre, discusiones y llanto se mezclaban con la esperanza y la ilusión de la llegada de nuestro bebé.

Yo me sentía segura de poder lograr mi sueño. En los controles de embarazo todo bien, los ultrasonidos todo bien, mis parteros me animaban. Me siento un poco desilusionada por no haber podido experimentar un parto vaginal (ya no pensamos tener más hijos) pero no me arrepiento de las decisiones que tomamos.

Me sentía muy emocionada cuando empecé a sentir las contracciones de Braxton Hicks el último día de julio. Estábamos en la recta final. Después recibimos esa noticia que desquició a nuestra pequeña familia.

Nosotros pensábamos comprar una casa de un familiar cercano. Acordamos que mientras salía el préstamo para hacerlo nos la rentaría. El trámite es largo y como tardaba, el dueño de la casa decidió ponerla en venta nuevamente; con lo cual estuvimos de acuerdo. Lo estresante fue que cuando yo estaba de casi 39 semanas (1 semana antes de que Jack naciera) nos avisó que teníamos 15 días para desocupar la casa porque ya tenía comprador.

Si una mudanza en sí misma es un evento que puede causar estrés, en nuestras condiciones fue aún más estresante. No estábamos preparados ni económica, ni emocional, ni logísticamente para una mudanza express. Yo me sentía inútil, pues con el embarazo tan avanzado no podía ayudar en nada; sabía que debía mantenerme tranquila pero no era tan fácil.

Para Belén fue difícil aceptarlo. No quería dejar “SU” casa, su espacio, así como así, de pronto, sin previo aviso. Siendo una niñita tan sensible la afectó mucho pero se hacía fuerte. Lloró mucho y yo junto con ella. Comprendía su sentimientos, pues yo misma me sentía perdida.

Mi esposo también se encontraba en una situación difícil. Tuvo que dividirse entre el trabajo, la mudanza, ayudarme con Belén y los quehaceres de la casa, estar al pendiente de mí y entender mi acrecentado estrés aunado a mi hormonal estado. Trataba de hacerme sentir serena y de mostrar fortaleza ante mi llanto por enojo y preocupación.

Tomamos la decisión de mudarnos a la casa de mis papás; era la mejor opción en nuestras circunstancias.

En medio de este caos (el 8 de agosto) expulsé el tapón mucoso pero no fue como en mi primer embarazo. En esta ocasión fue de a poco, a lo largo de varios días.

Ese mismo día, por la noche mi esposo y yo tuvimos una discusión muy fuerte porque el dueño de la casa avisó casi a las 11 de la noche que para el otro día temprano necesitaba los comprobantes de pago de los servicios de la casa. Mi molestia era mayúscula porque se trata de un familiar cercano, que sabía que estaba a punto de parir, que conocía la situación tan difícil por la que estábamos pasando y se me hacía una imprudencia de su parte. Todo esto aunado al estrés que cada uno de nosotros traía, la carga emocional que teníamos encima, los días y días de aparentar fortaleza frente a Belén y el hecho de que pudiera ponerme de parto en cualquier momento nos superó.

Por primera vez en 11 años de matrimonio nos gritamos. Los dos terminamos llorando, primero por separado y luego juntos.

El día 10 decidimos irnos a casa de mis papás para medio instalarnos y esperar el nacimiento de Jack -esperábamos que ahí fuera el nacimiento – sin embargo no resultó una buena idea. Mis parteros me revisaron y dijeron que no había que hacer nada mas que esperar. Que ellos se irían y regresarían al otro día; me seguirían monitoreando por teléfono.

Ese día (sábado 10) era la boda de mi hermana -a la cual no fuimos- y en casa de mis papás todos estaban apurados con los últimos detalles. Ni Belén ni yo nos sentíamos cómodas estando ahí, extrañábamos nuestra casa, nuestro espacio. Mi esposo seguía con lo de la mudanza, iba y venía. No había nadie que pudiera dedicarle tiempo exclusivo a Belén aparte de mí, que hacía lo que podía a esas alturas. La pobre sufrió mucho ese día, se sentía aburrida, sola, desorientada,triste.

Cuando todos se fueron a la boda llegó mi esposo y le pedí que regresáramos a nuestra casa. Nos sentíamos muy mal. Yo ya había empezado a sentir las contracciones de Braxton un poco más intensas pero creo que por mi incomodidad y el estrés todo se detuvo. Necesitaba estar en un ambiente que me fuera confortable, donde me sintiera segura. Belén empezó a llorar mucho y yo también di rienda suelta a  mi llanto.

Estaba muy estresada: sola con mi niña y con un embarazo avanzado, en un lugar que me resultaba extraño y en el que no me sentía cómoda y protegida, quedaba una semana para terminar la mudanza, con un esposo al que veía agotado tratando de cumplir con todo, no teníamos ayuda de nadie y yo tampoco podía apoyarlo. Resultado: proceso de parto detenido.

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Escuela De Padres Primerizos

Comments

  1. Gabriela Gallardo :

    Yo también estoy impactada por su testimonio Roxy, eres una mujer muy valiente y es esa valentía la que te sacó adelante, espero por la segunda parte también, tienes una hermosa familia y sé que das gracias a Dios por ello y sobre todo por la vida de tu esposo.

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