El nacimiento de Jack – Parte II

Leer Parte I

Cuando íbamos de regreso a nuestra casa todos íbamos tristes, preocupados, estresados. Belén repetía que no era feliz, yo lloraba por escucharla y porque estaba asustada, pues sentía a mi Jack inmóvil; Hiram iba muy tenso.

En cuanto llegamos empezamos a relajarnos. La actitud de Belén cambió y yo me sentí en mi ambiente, Hiram también se relajó al vernos mejor a nosotras. Nos sentamos en la sala los tres juntos y nos abrazamos por un rato. Yo seguía llorando y mi Belén me enterneció mucho cuando me dijo “Mams, te veo tus ojitos rojos. Has llorado mucho hoy. Ven, yo te abrazos”

Después de un rato Jack empezó a moverse otra vez y regresaron las contracciones.

Mis papá nos llamó (estaban en la boda) para saber cómo iba todo. Se molestaron/preocuparon mucho cuando supieron que nos habíamos regresado a nuestra casa y que mis parteros se habían ido.  Mi mamá llamó un poco después y estaba bastante alterada cuando habló con mi  esposo, quien se sentía muy presionado. Dijo que pasarían a vernos cuando terminara la fiesta.

Volví a ponerme mal. Triste, estresada, a la defensiva. Me sentía perdida, presionada, insegura. Necesitaba más apoyo y libertad para poder seguir en mi proceso de parto como yo quería que fuera. Me sentía enfadada por tener que mudarnos justo ahora, por la falta de sensibilidad, por la falta de confianza en mí y en mi esposo, por la tristeza de mi hija, por el agotamiento de mi esposo, por no poder disfrutar mi experiencia de estar a punto de dar a luz.

Llegó un momento en que pensé que no nos mudaríamos con mis papás si estaban tan molestos, pensé que tendríamos un enfrentamiento con ellos, que nuestra relación se iba a dañar… y me dí cuenta que no teníamos a donde ir.

A todo esto se aunaba el hecho de que no teníamos dinero. Mi esposo estaba asociado con una persona con quien trabajó durante 6 meses; esta persona le fue dando largas para pagarle por este trabajo. Hiram le explicó que contábamos con ese dinero para el parto; el hombre quedó en pagarle y no lo hizo (este es el momento en que no lo ha hecho).

Así pues me sentía “homeless”, con una niña pequeña, con un embarazo avanzadísimo y sin un quinto en la bolsa. No podíamos rentar una casa. Le planteé a mi esposo vender todos nuestros muebles, quedarnos con lo indispensable y mudarnos a lo que llamamos aquí “un cuartito” -una vivienda que es eso, una sola habitación-, simplemente tener un lugar donde vivir. Además teníamos que pensar en nuestros perros, que han estado con nosotros desde hace 14 años, desde que éramos novios.

Contracciones detenidas otra vez y Jack inmóvil.

Se hizo de noche, dormí a Belén y mis papás no se habían presentado. Decidimos darnos un baño. Justo cuando estábamos por salir de la regadera llegaron mis papás y al ver que no abríamos la puerta empezaron a llamarnos a gritos, a tocar la puerta bastante fuerte, a llamar insistentemente a los celulares… mi furia empezó a crecer y nuevamente me puse a la defensiva. Temía que Belén despertara y me sentí invadida. Hiram trató de tranquilizarme, terminó de vestirse y fue a abrir.

Desde el baño yo escuchaba y me dí cuenta que iban en un plan tranquilo, ya no estaban tan alterados y me relajé un poco. Hablamos con ellos, les explicamos cómo nos sentíamos Belén y yo. Lo entendieron. Yo comprendí que estaban preocupados por mí y por Jack y por eso se comportaron de esa manera; pero he de decir que eso no ayudaba mucho a mi situación.

Se fueron y nos quedamos mi esposo y yo un rato sentados en la sala, abrazados. Después nos fuimos a dormir. En la madrugada empecé a sentir contracciones nuevamente y me levanté a caminar.

Un poco avanzada la mañana salimos a la casa de mis papás y ya íbamos preparados por si Jack decidía nacer ese día. Mis parteros llegarían un poco más tarde.

Ese día (domingo 11 de agosto) empecé a sentir las contracciones un poco más intensas -aunque no dolorosas- y por momentos parecía que eran regulares. Mi partera me dijo que intentara empujar al bebé hacia abajo en cada contracción y así lo hice.

A partir de aquí perdí la noción del tiempo…

Por la tarde parecía que Jack nacería estuvimos intentando un buen rato y nada. Creo que tampoco ayudó que la vida en la casa seguía normal, había mucho ruido y yo no me concentraba. Pasaron unas 2 horas (?) y nada que avanzábamos. Mi mamá empezó a presionar con que fuéramos al hospital (obviamente estaba preocupada); yo me desconcentraba más y empecé a ponerme nerviosa y de mal humor.

Mi partera decía que ya estaba dilatando pero que el bebé estaba muy arriba.

Otra vez se detuvieron las contracciones.

Finalmente nos fuimos al hospital, un hospital público donde no permiten que la embarazada entre acompañada. Entré, el médico me atendió muy groseramente y se indignó al saber que  me estaba atendiendo con una partera. Me dijo que el líquido amniótico se estaba acabando y que lo más seguro es que hubiera sufrimiento fetal. Después dejó pasar a mi esposo y le dijo que tenían que hacerme un ultrasonido -dijo el nombre, no lo recuerdo- pero que no tenían el equipo ahí, que teníamos que hacerlo de manera particular.

Obviamente salí llorando de ahí, pensando en que mi bebé estaba en peligro. Fuimos al hospital particular cuando nos dijeron en cuánto salía nos preocupamos mucho más pues no teníamos el dinero para hacer el estudio y además faltaba un sello en la orden que nos dieron en el hospital público así que teníamos que regresar a que sellaran la orden.  Estábamos super angustiados.

Mi mamá me llamó por teléfono y dijo que regresáramos al hospital público, que estaba ahí mi papá y que habían contactado a un médico conocido de mi hermana. Que él me iba a atender.

En cuanto llegamos el médico me revisó y ¡me hizo ahí el ultrasonido! cuando antes el otro ginecólogo dijo que no tenían el equipo!! Me tranquilizó y dijo que todo estaba bien. Que las membranas no estaban rotas, que tenía poca dilatación (2 cm), que había suficiente líquido amniótico. Llamó a mi esposo para que viera el monitor. Nos confirmó que todo estaba bien, el corazoncito latía bien, no había cordón enredado. Solamente había que esperar.

¡Nuestra alma descansó!

Nos pidió que regresáramos al día siguiente a las 7 de la mañana (antes de que terminara su turno) para que volviera a revisarme.

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