El nacimiento de Jack – Parte III

jackLeer parte I

Leer parte II

Alrededor de las 4:30 de la mañana del lunes 12 otra vez empecé a sentir contracciones. Me levanté a caminar y un poco más tarde regresamos al hospital tal como nos indicó el ginecólogo. Lunes 12 a las 7:30 de la mañana me estaba revisando nuevamente.

Dijo que estaba progresando bien que ya tenía casi 5 cm de dilatación. La enfermera enseguida le preguntó si me quedaba. El dijo que no. Me explicó que podía ingresarme pero que me quedaría allí, en el pasillo, como las otras mujeres (había como 5 o 6 en bata, con suero, sentadas o caminando en un pequeño pasillo que llevaba de donde me revisó hacia la sala de expulsión). Me sugirió regresar a casa y volver al hospital a eso de las 12 del día para que me rompieran las membranas y termináramos pronto ( lo cual no me gustó nada y me puso alerta)

Hizo pasar a mi esposo y le explicó lo mismo que a mí. Entonces le comentamos que estábamos intentando un parto en casa, con una partera. Nos dijo que él no veía ningún problema y me recomendó tomarme una taza de chocolate y tomar un medicamento del que ya no recuerdo el nombre. Dijo que me ayudaría a dilatar más rápido. Claro que no me tomé nada… bueno, el chocolate sí ;)

Regresamos a casa y seguimos avanzando con las contracciones aunque no eran dolorosas. Seguí dilatando pero Jack estaba muy arriba, no bajaba, no estaba encajado. Mi mamá y mi esposo se pusieron muy nerviosos y al ver que a las 12 no avanzábamos más me pidieron irnos al hospital; mi partera estuvo de acuerdo. Me sentí frustrada y preocupada.

Así pues partimos hacia el hospital pero en el camino me atemoricé de ir al hospital público. No quería estar sola (no dejan pasar a ningún acompañante de la parturienta), no dejan pasar hombres como acompañantes durante la recuperación, seguía pensando en que me romperían las membranas, el médico de turno era el que nos dijo que había sufrimiento fetal, temía malos tratos y un parto traumático… sé que esto es violencia obstétrica y que está penado en Veracruz pero lo último que quería en ese momento era tener que pelear porque se respetaran mis derechos y los de mi bebé. ¡Ahora comprendo cuando se dice que en el momento del parto la mujer se encuentra en un estado muy vulnerable!

Decidí llamar por teléfono a una amiga que me había platicado que durante su cesárea su esposo había estado con ella y le pedí los datos del ginecólogo y del hospital. Era un hospital privado. Me sentía entre la espada y la pared. Por un lado me aterraba enfrentarme sola a un parto traumático en el hospital público; pero por otra no contábamos con los recursos para pagar el hospital privado (el ex-socio de mi esposo seguía – y sigue – sin pagarle). Mi esposo y mi papá dijeron que no importaba, que íbamos al privado.

Llegamos al hospital privado, mi amiga ya había llamado al ginecólogo para ponerlo sobre aviso. Me pasaron enseguida a una sala de revisión, llegó el médico y me revisó. Tenía 8 cm de dilatación pero el bebé estaba muy arriba. Le dijimos que me había estado atendiendo una partera, no le hizo gracia y nos preguntó por qué. Le explicamos que en ningún otro lugar de los que habíamos considerado tendríamos la oportundiad de tener un parto como lo deseábamos: no medicalizado, con la compañía de mi elección, con libertad de movimiento, en la posición que yo quisiera, sin separación del bebé, que me lo entregaran pronto para amamantarlo…

Nos dijo que había riesgo de que se rompiera el útero por la cesárea previa y le contesté que ya lo sabía; que aún así quería intentar un parto vaginal. Estuvo de acuerdo, dijo que estaba dispuesto a esperar 3 horas pero que si no lo lográbamos entonces me haría cesárea porque ya eran muchas horas y podría ser peligroso para el bebé. Aceptamos. Me preguntó si quería algún analgésico y dije que no. Me pasaron a la sala de expulsión.

Nos volvimos “famosos”: iba a nacer un bebé en un parto vaginal después de cesárea, no tenía oxitocina ni analgésicos en el suero, habíamos intentado un parto en casa, llegué con 8 cm de dilatación y sin dolor.

Después de 3 horas de espera y de pujar según las indicaciones del ginecólogo Jack no se encajó, seguía muy arriba. Me dijo que se veían las membranas pero que no quería romperlas; quería esperar a que se rompieran solas.

Finalmente, a las 4 de la tarde empezaron a preparar todo para la cesárea. Nos preguntaron si queríamos que algún pediatra en especial recibiera a nuestro bebé y llamamos a la pediatra de Belén  para pedirle que su esposo, quien es neonatólogo, nos acompañara.

El dolor era insoportable y además estaba cansada, frustrada y desesperada por tener a mi bebé en mis brazos, mirarlo y asegurarme de que estaba bien. El pediatra y las enfermeras hablaban conmigo y trataban de tranquilizarme. Una vez que me anestesiaron hicieron pasar a mi esposo quien estuvo a  mi lado durante la cirugía. A partir de ahí empecé a sentirme tranquila y todo pasó muy rápido.

Mi esposo vio cuando sacaron a Jack. Me dijo que tenía el cordón enredado en el brazo derecho, le atravesaba en diagonal al frente y también lo tenía enredado en la pierna izquierda. También me dijo que tenía los ojitos bien abiertos. Luego oí llorar a mi bebé. El pediatra lo tenía cargando, me lo acercó, le hablé y dejó de llorar al instante (la que empezó a llorar fui yo), le di un besito. Luego se lo pasó a Hiram para que lo cargara mientras empezaban a cerrarme.

Lo único que lamento es que, por salir apresuradamente hacia el hospital, olvidamos la cámara y no tenemos fotos de esos primeros instantes con Jack.

Después de un rato el pediatra se llevó a limpiar, pesar y medir a Jack. Mientras estábamos todavía en el quirófano, una enfermera entró a buscar a mi esposo; le dijo que el pediatra quería hablar con él. Me asusté un poco. Cuando Hiram regresó me dijo que el doctor había dado la instrucción de que no le dieran fórmula a Jack (Yupiii!!! nada más porque no podía brincar de emoción).

Me sacaron del quirófano y me llevaron a mi habitación. En lo único que pensaba era en que quería a mi bebé conmigo. Estuvimos juntos dos horas después de que nació. Cuando me lo llevó la enfermera le pedí que me lo diera para amamantarlo. Apenas me lo estaba acercando al pecho cuando ya tenía la boquita abierta buscando el pezón para prenderse. Se agarró sin ningún problema.

Creo que tomamos la mejor decisión y que, en esta ocasión, la cesárea fue necesaria. Nuestro bebé nació sano, pudimos estar juntos durante el nacimiento de nuestro bebé, Hiram tuvo la oportunidad de cargarlo justo después de que nació, no tomó fórmula y tuvimos alojamiento conjunto.

Ya teníamos a nuestro bebé con nosotros, después de tanto estrés que pasamos; sin embargo todavía nos quedaba resolver cómo pagar al hospital.

El ex-socio jamás dio la cara, en mi cuenta del banco no tenía ni un centavo, mi tarjeta de crédito no alcanzaba para cubrir el total, mis papás tampoco tenían posibilidad de ayudarnos… no podía estar 100% tranquila.

Comments Closed

Comments

  1. Roxy quería darme el tiempo para leer las 3 partes, al parecer continuará… Mi querida Roxy lamento lo que pasaste al principio pero todo se realizo finalmente de una manera respetuosa, fué una cesárea que cuando sean necesarias deben de llevarse a cabo de esa manera.
    Tan lejos, y te juro que leyendo me acompañaba la impotencia de querer estar cerca para apoyarte, un abrazo a ti y tu familia

    • Gracias Moni. La cesárea fue necesaria y logramos mucho de lo que queríamos. Te siento cerca a pesar de la distancia.